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TODAVÍA HAY QUE GOBERNAR

Mientras algunos empiezan prematuramente a mirar 2027, Rogelio Frigerio insiste en una idea que interpela a toda la dirigencia: menos egos, menos especulación y mayor capacidad para escuchar lo que realmente espera la sociedad.
INTERÉS GENERAL19 de septiembre de 2026microfonomicrofono
Todavía falta más de un año para que terminen los actuales mandatos.
Parece una obviedad.
Pero en política, a veces, hay que recordar hasta lo obvio.
Porque mientras miles de entrerrianos esperan respuestas concretas sobre servicios, obras, producción, empleo, salud, educación, seguridad y funcionamiento del Estado, empiezan a escucharse demasiado temprano los ruidos de 2027.
Nombres. Aspiraciones. Reuniones. Posicionamientos.
Y particularmente la ansiedad de algunos intendentes que saben que determinados ciclos municipales llegan a un límite constitucional y comienzan a mirar cuál podría ser el próximo casillero. La Constitución entrerriana establece que presidentes y vicepresidentes municipales pueden ser reelectos por un período consecutivo más y luego sólo en períodos alternados.
Tener aspiraciones es absolutamente legítimo.
Creer que una función pública genera automáticamente derecho a otra es algo muy diferente.
Allí aparece la advertencia que viene formulando Rogelio Frigerio.
El gobernador planteó recientemente que la política se volvió demasiado endogámica, concentrada muchas veces en sus propios intereses y alejada de las preocupaciones de la ciudadanía. Al discutir el sistema electoral, sostuvo que insistir con múltiples elecciones mientras disminuye la confianza pública significa no escuchar lo que le ocurre a la gente.
Meses antes había utilizado conceptos igualmente claros: pidió dejar de lado los “intereses personales”, los “egos” y las “vanidades” cuando llegue el momento de construir electoralmente hacia 2027.
Ese razonamiento contiene un mensaje que debería alcanzar también a quienes tienen responsabilidades dentro de la propia gestión.
No adelantarse a los tiempos.
Porque gobernar no puede transformarse, un año antes de terminar, en la antesala del próximo cargo.
Una intendencia no debería convertirse en plataforma para conseguir una banca.
Una estructura municipal no debería funcionar como herramienta de instalación personal.
Y una futura lista legislativa tampoco debería ser interpretada como un sistema de compensaciones para quienes terminan ocho años al frente de un municipio.
Mucho menos como un derecho adquirido.
Hay una diferencia enorme entre tener una aspiración y pretender instalarla anticipadamente.
Y también existe una diferencia entre expresar una voluntad política y comenzar a generar condiciones para que quienes finalmente tengan que definir candidaturas se sientan condicionados por estructuras territoriales, despliegues públicos o movimientos prematuros.
Si finalmente se avanzara hacia un esquema sin PASO —una discusión que Frigerio abrió públicamente— esa prudencia sería todavía más necesaria.
Porque entonces la política deberá demostrar precisamente aquello que el gobernador reclama: criterio, mesura y capacidad para colocar los intereses colectivos por encima de las necesidades individuales de supervivencia política.
Hay tiempo para discutir diputados.
Hay tiempo para discutir senadores.
Habrá tiempo para discutir nombres, listas y candidaturas.
Hoy hay intendentes.
Hay ministros.
Hay legisladores.
Hay funcionarios.
Y cada uno ya tiene una responsabilidad suficientemente importante como para ocupar todas sus energías.
La sociedad probablemente esté mucho menos interesada en saber quién pretende una banca en diciembre de 2027 que en conocer qué hará mañana el intendente para mejorar su ciudad.
Esa distancia entre las preocupaciones de la ciudadanía y las conversaciones de la dirigencia es, precisamente, la que Frigerio viene señalando cuando habla de una política demasiado pendiente de sí misma.
Por eso su planteo sobre 2027 adquiere otra dimensión.
No se trata solamente de discutir un sistema electoral.
Se trata de entender los tiempos.
De controlar la ansiedad.
De reconocer que el poder es transitorio.
Y de comprender que ocho años administrando una ciudad no convierten a nadie en propietario de un espacio dentro de la próxima lista.
Las bancas no se heredan.
Los cargos no se indemnizan.
Y los lugares políticos no deberían concederse por ansiedad.
Se construyen, llegado el momento, sobre representatividad, resultados, consensos y decisiones políticas.
Mientras tanto, hay una obligación previa.
Gobernar.
Frigerio ha planteado públicamente que ejercer el poder supone sacrificio y una enorme responsabilidad frente a la sociedad, y ha cuestionado la desesperación por ocupar espacios de poder.
Quizás allí esté la reflexión más importante.
Porque antes de preguntarse qué lugar ocupará cada dirigente después de diciembre de 2027, existe una pregunta bastante más urgente:
¿qué está haciendo hoy con el lugar que ya ocupa?
La sociedad tendrá tiempo para mirar candidatos.
Hoy está mirando gobernantes.
Y posiblemente espere exactamente eso que tantas veces la política promete y pocas veces practica: humildad, coherencia, mesura y responsabilidad hasta el último día.
Las campañas llegarán.
Las listas también.
Pero primero hay que cumplir.
Porque todavía, aunque algunos parezcan haberlo olvidado, hay que gobernar.
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