
Esta caída responde principalmente al deterioro del poder adquisitivo, en un contexto donde el precio de la carne aumentó muy por encima de la inflación, obligando a los consumidores a modificar sus hábitos alimenticios.
En los últimos doce meses, el consumo per cápita volvió a descender, profundizando una tendencia que se mantiene desde hace años. Si se compara con 2005, cuando el promedio rondaba los 62,2 kilos, actualmente se consumen casi 15 kilos menos por persona. A su vez, el valor de la carne alcanzó niveles récord en términos reales, lo que impacta directamente en la capacidad de compra de los salarios.
De acuerdo con distintos análisis, el poder adquisitivo medido en kilos de carne vacuna cayó de manera significativa en los últimos años. Mientras que en períodos anteriores un salario promedio permitía comprar más de 160 kilos, hoy esa cifra se redujo a poco más de 110 kilos, evidenciando una pérdida sustancial en la capacidad de consumo.
En este escenario, el pollo y el cerdo ganaron protagonismo como alternativas más accesibles. Durante 2025, el consumo de carne porcina alcanzó un récord de 18,9 kilos por habitante, con un crecimiento interanual del 8,8%. En paralelo, la carne aviar llegó a 47,7 kilos por persona, ubicándose prácticamente al mismo nivel que la carne vacuna.
Esta sustitución se explica, en gran medida, por la diferencia de precios. Mientras la carne vacuna aumentó 56,8% en 2025, el cerdo subió 29,4% y el pollo apenas 19,2%. Esta brecha llevó a muchas familias a reemplazar cortes tradicionales por opciones más económicas, manteniendo así el consumo total de proteínas animales en niveles elevados.
De hecho, la suma de todas las carnes continúa posicionando a la Argentina entre los países con mayor consumo de proteína animal, con un promedio de 116,5 kilos por habitante al año. Incluso, según referentes del sector avícola, el argentino promedio ya consume más pollo y huevo que carne roja, tendencia que podría profundizarse en el corto plazo.
A pesar de la caída en el consumo interno, los precios de la carne vacuna no muestran señales de descenso. La oferta se mantiene limitada por factores como la menor disponibilidad de hacienda, las condiciones climáticas adversas y la firme demanda internacional, lo que reduce el volumen destinado al mercado local.
En este contexto, todo indica que el pollo y el cerdo seguirán consolidándose como los principales sustitutos de la carne vacuna en la mesa de los argentinos, marcando un cambio estructural en la dieta tradicional del país.
Con información de Infobae






