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EL HAMBRE NO PUEDE SER UN NEGOCIO


​Cuando la asistencia alimentaria deja de llegar a quienes más la necesitan y aparecen denuncias de desvíos, acopios clandestinos e impunidad, no solo se pone en discusión una gestión: se hiere el contrato más básico entre el Estado y los ciudadanos.
POLITICA16 de agosto de 2026microfonomicrofono
La corrupción en políticas sociales tiene un costo que no se mide en pesos, sino en vidas y dignidad.}
Editorial
​1. El peor delito
​Hay delitos contra la administración pública que afectan las cuentas del Estado. Pero existen otros que golpean directamente el plato de comida de una familia.
​Si las denuncias sobre el presunto desvío de alimentos destinados a sectores vulnerables son ciertas, estamos frente a una de las formas más crueles de corrupción: hacer negocios con el hambre.
​Las investigaciones y reconstrucciones periodísticas publicadas por El Portal de Ricardo David vuelven a poner sobre la mesa una trama que involucra decisiones políticas, operadores, proveedores y una justicia que, según la publicación, nunca logró avanzar con la contundencia que la gravedad del caso exigía.
​2. Cuando la ayuda social cambia de destino
​Los alimentos que compra el Estado tienen un único destinatario: quienes no pueden garantizar un plato de comida en su mesa.
​Si terminan almacenados, comercializados o utilizados con otros fines, el daño trasciende cualquier expediente judicial. Cada paquete de azúcar, cada módulo alimentario y cada caja desviada representa una familia que dejó de recibir la asistencia que le correspondía. No hay justificación política capaz de explicar semejante fracaso moral.
​3. La impunidad como sistema
​Las denuncias, los allanamientos y los secuestros de mercadería descriptos por el portal alimentan una pregunta que sigue vigente: ¿cómo es posible que hechos de semejante magnitud no hayan derivado en mayores responsabilidades políticas o judiciales?
​La falta de respuestas claras deteriora la confianza pública y fortalece la sensación de que algunos sectores del poder siempre encuentran la manera de quedar al margen de las consecuencias.
​4. La obligación de investigar
Toda denuncia debe ser investigada con seriedad, respetando el debido proceso y las garantías de todas las personas involucradas. Pero el silencio nunca puede reemplazar a la transparencia.
​La sociedad entrerriana merece saber qué ocurrió con cada alimento comprado con fondos públicos y quién debe responder si hubo irregularidades.
​5. Cierre
​La corrupción siempre duele. Pero cuando el negocio se hace con la comida de los más pobres, deja de ser únicamente un escándalo político para convertirse en una deuda moral que ninguna gestión debería poder esconder.
​Porque el hambre no espera. Y cuando la política falla en lo más básico, no alcanza con cambiar los nombres de los funcionarios: hace falta recuperar la confianza, la transparencia y la certeza de que nunca más la necesidad de los más vulnerables será utilizada como una oportunidad de negocio.
​Fuente consultada: El Portal de Ricardo David
​Edición Editorial: www.microfonodigital.com
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