Fuimos generaciones de gurises que pasamos por la sala de la Seño Titina, chicos y chicas que iniciamos el camino en la educación formal desde la mirada amorosa que ella nos brindaba y que no se limitó al aula.

La seño Titina abría las manos y en ese gesto desplegaba todo lo que se necesita para crecer: intentar contar con una biblioteca en el hospital, promover la lectura en geriátricos, peregrinaciones desde donde siempre invitó a que todos nos impliquemos en acciones que nos expandieran.