Este Aserradero, hoy rebautizado como Aserradero Ruta 18, por su ubicación actual, tiene una enorme historia en Viale. Por muchos años fue Maderera Wolk, ubicada en la ciudad, en sus primeros años en el barrio Bellaco y posterior en la parte conocida como «barrio Arroyito», en ese momento a cargo de Carlos y Edmundo Wolk. Dos hermanos hijos de un carpintero, que con la ayuda de un misionero que eligió darles las primeras materias primas sin ningún tipo de condicionante, generó el inicio de una empresa que lleva más de 48 años en vigencia. ¿Quién no conoce en nuestra ciudad a los populares hermanos? Dos personas muy queridas por mucha gente, involucrados en diferentes instituciones siempre colaborando.

Al visitar el lugar, nos recibieron Martita y Carlos («Cali»), quienes actualmente continúan con el oficio familiar, junto a sus hijos Carlos y Katia, ambos son parte en diferentes roles. Cali arrancó la charla diciéndome: «Yo quería que vinieras hoy que podíamos estar los dos porque acá trabajamos a la par» (en referencia a su esposa).

Sería imposible sintetizar en un escrito las casi 3 horas de una charla tan enriquecedora, donde repasaron para mi, toda su experiencia laboral, iniciando Cali con apenas 16 años en el rubro, en un camión modesto que logró recuperar muchos años más tarde y que quiere restaurar para mantenerlo, por lo que significa para su familia.

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Mientras recorrimos el lugar y me mostraba su riqueza en máquinas que con tanto esfuerzo logró tener y otras incluso inventar, me fue contando los tantos golpes duros, accidentes, desilusiones, fraudes, que debieron superar, logrando nuevos inicios de cero, desprendiéndose de todo lo que tenían para sostenerse y reconstruirse.

Hoy, radicados sobre un campo cercano, lograron salir de la ciudad, para poder seguir sosteniendo las tareas del lugar que generaban ruidos, necesitaban de espacios más amplios, entre otras cosas. Cuentan con la ayuda de empleados, generando fuentes de trabajo, pero son en su enorme mayoría ellos mismos como propietarios, los artífices de todo el proceso desde la búsqueda de la materia prima hasta la propia fabricación de sus productos, listos para ser utilizados en construcciones de todo tipo.

Agradezco profundamente el tiempo, el haber compartido conmigo un testimonio de superación constante, no solo de su trabajo sino como fueron fortaleciendo su pareja y su familia ante cada dificultad.

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Mención especial para todos los emprendimientos productivos familiares, que aún en el siglo XXI, donde el desarrollo tecnológico y la automatización del trabajo compiten en un marco desigual, estas nobles empresas se sostienen en base a la creatividad y la cultura del trabajo.
Al irnos, Cali dijo algo que no olvido: «He trabajado toda la vida, en esta tarea que es dura, y sin embargo no sé lo que será el día que no pueda hacerlo más».