Su heladería se llama Acapulco, pero todos decimos «los helados de Lita». Ella fue la artesana que durante 32 años elaboró artesanalmente el helado, que se convirtió en una marca registrada de clásicos para muchísimos vialenses.
Hace 5 años, sus afecciones propias de la edad, le impidieron seguir siendo la que lo elabora y despacha pero sigue estando encargada de la compra de las materias primas y como dijo «de vez en cuando igual me termino metiendo en hacer otras cosas, porque no puedo estar sin trabajar».
Actualmente la ayuda en ese rol su hijo, aunque destaca que durante todos estos años su familia siempre la acompañó en los momentos que estaban. Su esposo Marcelo, falleció hace unos años, tenía de oficio ser camionero, al igual que su hijo, quien luego de que su papá les faltó, decidió no seguir en el rubro y se dedicó a ayudar a Lita. Eli, su otra hija, se dedicó al diseño gráfico.
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Hablamos de sus dedicadas y trabajadoras empleadas, durante muchísimos años estuvo Lili y luego se sumó Laura, quien hace 25 años trabaja con ellos.
Lita y Marcelo se conocieron en el secundario, cuando tenían 16 años. Se pusieron de novios y se casaron cuando cumplieron los 21. Marcelo era hijo único, así que se fueron a vivir con sus suegros, en esa misma casa donde años más tarde comenzó a funcionar la heladería. Y me encantó saber que fue su suegro, quien la impulsó y acompañó muchísimo para que se decidiera a poner su propia heladería: «Don Samuel ya era grande y se quedaba sentado en una silla afuera, luchando contra el sueño, pero jamás se iba antes de que yo baje la persiana». Lita aprendió casi «de oído» a prepararlo, consultando a conocidos, a viajantes, y de a poco encontró las claves para fabricar su rico helado. Integramente de forma artesanal, con dos modestas máquinas y con mucho aporte de trabajo manual posterior para lograr los mejores sabores.
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Agradece mucho a «su gente», su familia, que la ayudaron siempre. «Siempre me esmeré para que todo estuviera impecable, jamás dejé algo sucio para el otro día, me levantaba muy temprano y me acostaba muy tarde. Hubo buenos y malos momentos, pero claro que reconoce, que en tiempos donde la modernidad ha avanzado y el mercado es altamente competitivo, ella cuenta con una clientela muy fiel que nunca dejó de elegir sus productos. «Hay muchos que venían cuando aún no llegaban en altura al mostrador y hoy vienen con sus hijos y me dejan saludos».
En Viale hay muchas heladerías, todas tienen muy ricos helados y funcionan bien, pero quise destacar a esta mujer y a sus helados que todos amamos, porque es la heladería de mayor trayectoria local (hoy ya con una sucursal más en la ciudad), y además mostrar a una mujer que en otra época donde quizás el rol de la mujer culturalmente estaba limitado, ella se aventuró a poner su negocio y lo sostuvo durante tanto tiempo. Con sus 80 años se siente plena y agradecida por tantos años de apoyo.
Mientras charlamos, me regalaron un delicioso helado que con todo gusto acepté, mientras Ivi, su nieta más pequeña, caminaba entre las sillas y le «robaba» algo de helado a la abuela. Ahora disfruta de ellos, de Ivi y de Samuel, sus nietos que le alegran la vida, y se mantiene ocupada y activa, porque es la forma que entiende para mantenerse feliz y «no extrañar tanto» a quienes convivieron con ella, en esa enorme casa ubicada en una esquina tradicional de la ciudad.
Un privilegio poder compartir esta charla. Gracias por abrirme las puertas querida Lita. A vos y a todos los que forman parte de tu lugar, que es un poco de todos nosotros los vialenses.
YOHANA FUCKS