Horacio Velázquez inició sus labores en las fuerzas de seguridad allá por el año 90. Estaba estudiando docencia pero la necesidad de ingresos por estar con una familia a cargo, lo llevó a comenzar la preparación como agente.
Durante sus poco más de 30 años de servicio, fue ascendiendo en el rol y se jubila en el 2020 como Suboficial Mayor. Toda una vida dedicada a un rol difícil, que como el define «somos siempre portadores de malas noticias o nos toca llegar posterior a situaciones dramáticas para los ciudadanos». «Llegar y contener a familiares en un accidente de tránsito donde hay perdidas humanas, lidiar con la desesperación de la gente ante una situación de violencia, las veces que me tocó estar en una morgue sobre todo cuando los fallecidos eran niños, siendo padre y hoy abuelo, es algo que no se olvida nunca más y uno tiene que convivir con eso». Mientras lo escuchaba, pensaba que muchas veces vemos el uniforme antes que la persona y nos olvidamos que es un sector que siempre tiene más responsabilidades que derechos.
Cuando le pregunté cuál era la situación más feliz que recordara, sus ojos se llenaron de luz y con todos los detalles me contó el proceso que llevó la creación de esa vivienda, de ese barrio, donde estábamos sentados dialogando.
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En una charla con Moni Crispens, ella le sugirió proyectar la gestión de viviendas para los policías de la ciudad que no contaban con su propio hogar. Bastó ese diálogo para que Horacio comenzara a movilizarse, junto con otros funcionarios, pidió el apoyo municipal para los terrenos, debieron encontrar una institución con personería jurídica para posibilitar los fondos desde el iapv y así se generó el nexo con la mutual de policías «MUPER». Fueron días de golpear puertas, en vialidad, en despachos de diputados y senadores, lograr el apoyo del intendente en aquel momento Mario Egge, convencer a los concejales para que no se opongan a la donación en comodato de los terrenos, y al final todo dio frutos para estos vecinos. Lo que en un inicio eran 20 casas, se convirtieron en 87. 72 en la primer etapa y unas 15 que se construyeron después. Corría el año ’95, «un día me llaman que debía ir a Paraná, pensé que faltaba un papel, nos organizamos con Tito Mendez en su auto y otros compañeros que seríamos beneficiarios y viajamos todos en el Renault 12». Su voz se comenzó a cortar y se le cayeron un par de lágrimas cuando me dijo «llegamos y nos entregaron la carpeta con todo aprobado para que la obra inicie. Era un sueño hecho realidad que ayudó no sólo a nosotros sino a muchas otras familias que necesitaban un techo propio». Toda una gestión inmensamente valiosa para la ciudad, vigente hasta hoy.
El policía es un auxiliar de la justicia, pero lamentablemente padece un sistema que lo priva de garantías y lo empuja a ocupar un lugar desprestigiado y solitario. «Creo que es fundamental contar con principios y valores para ejercer esta tarea. En mis años de servicio jamás debí usar mi arma contra la vida de otra persona en un enfrentamiento armado y siempre agradezco eso a Dios porque sé que a otros compañeros les tocó y no es nada fácil. Nunca vi tampoco en ese poder la posibilidad del abuso de autoridad, porque nosotros padecemos eso muchas veces y no tenemos respaldo».
Cuando le pregunté si hoy volvería a elegir ser policía, me respondió: «hoy sí lo sería por vocación de servicio y no por necesidad. Por el conocimiento de vida que me dio este trabajo. Por sentirme útil para la sociedad».
A los jóvenes que hoy están iniciando la tarea, «les diría que no dejen que le contaminen ni les priven los valores. Que la conciencia tranquila por las noches, sabiendo que uno cumplió con el deber que asume, es la única recompensa».
Gracias Horacio por el tiempo, por lo logrado para nuestra ciudad, por dedicar tu vida a proteger y servir.