Pero muchas veces nos olvidamos de aquellos que son los eslabones intermedios, que hacen un servicio incansable repleto de vocación y compromiso y no siempre somos concientes de remarcarlo. Por eso visité a una familia de enfermeros, porque en ellos quiero reconocer a todos los que no solo este año, sino que permanentemente brindan un servicio fundamental como trabajadores de la salud.
Sara, hoy jubilada, fue enfermera durante 41 años. 31 prestando tareas en nuestro hospital. Inició el oficio (por aquellos tiempos aprendiendo con el Dr Saieg, quien llegó a Viale luego de que perdiéramos a dos grandes doctores: el Dr. Panutto y el Dr. Castilla Mira). «Había jornadas interminables. Trabajábamos mucho. Como decía mi compañera de turno ‘los talones se nos prenden fuego’ pero siempre terminábamos felices por el deber cumplido. Sara es mamá de 3 hijos, dos de ellos, Javi y Rosana (todos la conocemos por «Pelu»), también eligieron ser enfermeros. Al igual que su papá Juan Carlos, quien falleció hace unos años, pero que desempeñó su tarea también con mucho amor e incluso fue quien asistió a su esposa cuando Javi iba a venir al mundo, siendo un papá partero. Hoy Javi lleva 26 años trabajando en el hospital. Pelu se dedicó hace algún tiempo al rubro comercial, pero sigue desarrollando su vocación de servicio formando parte de una institución deportiva local donde siempre es imprescindible contar con una enfermera.
Sara recordó junto a sus hijos las épocas «de oro» de nuestro hospital. «Todavía trabajabamos a lámparas de kerosene si se cortaba la energía, pero éramos un nosocomio prestigioso en el departamento. Lamento muchísimo que hayan permitido que se pierda la categoría, que tengamos un quirófano sin poderlo usar, que ya no se permita realizar partos en nuestro propio pueblo». «Acá venían residentes desde Córdoba a realizar sus prácticas, anestesistas», rememora Javi.
Recuerdan muy buenos directivos y médicos que pasaron por allí. La Dra Moine en su afán de gestionar mucho para el servicio, la Dra Heinze en su inmenso profesionalismo que exigía pero fue una maravillosa docente de la que aprendieron y se perfeccionaron porque se esmeraba en actualizarse siempre o el Dr Luisito (Rodríguez) que hacía controles de calidad del desempeño del personal todo. «Colocaba piedras en lugares diferentes de un baño y luego de la limpieza pasaba a ver si esas piedras ya no estaban. O cruzaba la cocinera y probaba la comida en un pasillo para saber en su sabor con qué voluntad se había elaborado» y todos terminamos riendo. De todos los tantos que pasaron por el hospital hasta la actualidad tienen cosas positivas para destacar.
En esa maravillosa charla, pude notar el inmenso orgullo que sienten por la profesión elegida. Les pregunté qué consideraban más importante: «uno hace lo que debe y la recompensa está en lo cotidiano, en los pequeños logros de todos los días» me dijo Pelu. Durante estos meses Javi estuvo de licencia por ser personal de riesgo, pero me manifestó sin dudar: «sé que mis colegas están haciendo un inmenso trabajo. A veces parece que el traje te da un superpoder, porque mis compañeras se ponen su chaqueta y salen a la guardia a hacerle frente a lo que sea. Situaciones que quizás fuera de ese lugar nos atemorizan. Pero es admirable ver cómo se ponen al frente de cualquier batalla cuando son las enfermeras que deben actuar en una emergencia».
Sus momentos más felices fueron muchos, cada vez que se alivia a un paciente con dolores, que se ayudaba a una mamá a traer su hijo al mundo, cada vez que se pudo recuperar un paciente. Los más difíciles fueron esas guardias donde se convocaba incluso a quienes no estaban de turno, porque un accidente los requería en ese lugar. Me contaron de varios donde las pérdidas fueron muchas y de maneras tan trágicas que jamás se olvidaron de esas situaciones.
«Ser un buen enfermero depende mucho de nuestra apertura para aprender y nuestra humildad para reconocer el lugar que nos toca. No actuando para llevarte el aplauso ni restando importancia al rol que muchas veces es fundamental para salvar una vida. Aún corriendo el riesgo de exponer la nuestra». Toda una definición de Javier, que se emociona cuando recuerda la pérdida de su compañero Daniel Orellana, tras contraer covid.
Pelu insta a recuperar valores en la formación de todas las profesiones, «tendremos un buen servidor si forman una buena persona para convivir en la sociedad». Y Sarita mientras hablaba con profundo respeto por los médicos, me dijo «fui feliz siendo enfermera porque aunque me rompía el cuerpo trabajando, era un orgullo estar a la altura de cada jornada donde se nos necesitó».
En ellos, mi respeto y enorme agradecimiento, a tantos trabajadores de la salud, en sus diferentes roles, por dar tanto a cambio de muy poco, por soportar políticas públicas que muchas veces no remuneran con dignidad tamaña gratitud que le debemos como sociedad, a todos los que en esta Navidad estarán como cualquier día esperando para actuar ante una urgencia