Su rastro, el rastro de los Gill, se perdió en ese velatorio en Viale. Desde entonces nadie nunca supo más de ellos. Hubo pesquisas, investigaciones, excavaciones, declararon testigos, pero la Justicia no pudo avanzar más allá de la primera carátula que tuvo siempre la causa en Tribunales: «Averiguación de paradero». La última medida fue convocar al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) pero las excavaciones que se realizaron en el campo La Candelaria no aportaron ningún dato nuevo. El misterio se agiganta en torno a su paradero.

Así empezó la búsqueda de los Gill

Bajo un sol bravo y un calor intenso, empezó esta mañana la búsqueda de los restos de la familia Gill, cuyo rastro se perdió por completo en el verano de 2002: una empresa contratada por la Justicia comenzó con las tareas de excavación en dos puntos de la Estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima, señalados por un contratista rural que apareció en octubre de 2017 como testigo clave.

El operativo lo comandó el juez de Garantías y Transición, Gustavo Acosta, en medio del campo de La Candelaria. Al cabo de una semana -es el tiempo que prevé la Justicia- podrían estar concluidas las dos excavaciones en procura de dar con los restos de Rubén “Mencho” Gill, en 2002 de 55 años; su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia de 12, Osvaldo José de 9, Sofía Margarita de 6 y Carlos Daniel de 2, quienes fueron vistos por última vez  en el velatorio de un amigo de la familia, el 13 de enero de 2002, en Viale, a treinta kilómetros de La Candelaria, el campo en el que vivían y donde el hombre trabajaba como peón.

Desde entonces, no se supo nada más de los Gill.

El propietario de la estancia La Candelaria y patrón de los Gill, Alfonso Francisco Goette, murió en un accidente de tránsito. Fue la noche del jueves 16 de junio de 2016. La muerte de Goette produjo un giro inesperado en la causa. Armando Nanni, un contratista rural de Tabossi, que supo realizar trabajos de siembra en el campo de Goette, y que conocía a “Mencho” Gill, se animó entonces a hablar.

Nanni no había querido hablar antes por “miedo” a Goette. Pero con Goette muerto, acudió a los Tribunales de Nogoyá, y habló con el magistrado a cargo de la causa, el titular del Juzgado de Transición, Gustavo Acosta.

Y dio un dato: que los Gill no se fueron de viaje ni están en otra provincia sino que podrían estar en el mismo lugar donde siempre, la estancia La Candelaria.

Y aportó una pista que ahora sigue la Justicia: que veinte días antes de que desapareciera la familia, en el verano de 2012, “Mencho” Gill cavó dos pozos, uno en el lecho de un arroyo que entonces estaba seco; el otro detrás del casco de la estancia.

El lunes 23 de octubre de 2017 hubo un allanamiento en el campo La Candelaria, cuyo casco principal está desocupado. Fue una primera inspección ocular de la Justicia. Este lunes, en tanto, fue el ingreso para iniciar las excavaciones.

Del primer día del operativo de excavación -a cargo de la empresa Natalio Giménez- también participa el abogado de la familia Goete, Juan Cruz Larrat, hijo de Eduardo Luis Larrat, representante legal de la familia propietaria de La Candelaria quien no pudo participar del trámite; también estuvieron miembros de Criminalística de la Policía; además, Adelia Gallego, madre de Norma Margarita Gallegos; madre de la mujer de Gill; y Osvaldo Gill, hermano del jefe de la familia desaparecida; y el médico forense Guillermo Descalzo.

Gustavo Acosta, a cargo del Juzgado de Garantías de Nogoyá, desde 2015 al frente de la investigación de la desaparición de los Gill, no ha dejado de realizar procedimientos, tomar testimoniales, contactar testigos, buscar apoyo de especialistas. La última pesquisa ocurrió en noviembre último en el Campo del Abasto, en la parte conocida como «La Tapera», junto a Juan Nóbile, del EAAF. «Se vaciaron cuatro pozos en un minibosque cerrado y se cavó tipo rastrillo. Solo se encontraron bolsas viejas de pañales y botellas, sin relevancia para la causa», contó el juez a Entre Ríos Ahora.

El Equipo de Antropología Forense toma la posta

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) pidió los 18 cuerpos de la causa judicial por la desaparición de la familia Gill, en el verano de 2002, como parte del trámite previo para iniciar el rastrillaje del predio de la Estancia La Candelaria en Crucesitas Séptima, departamento Nogoyá, donde se presume que están enterrados los cuerpos.

En diciembre, el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, que tiene a su cargo la causa por «averiguación de paradero» de los Gill hizo un reconocimiento del terreno de La Candelaria, efectuó mediciones y tomó fotografías con un dron, y todo ese material lo envió a Rosario. Ahora, también deberá remitir una copia del expediente judicial.

«Estamos todavía aportando información. De hecho, antes de diciembre se realizó una incursión a La Candelaria, se trabajó con drones, se tomaron fotos, se sacaron coordenadas, y toda esa información fue remitida al Equipo de Antropología Forense. Me queda seguir transmitiendo información que me han recurrido: los 18 cuerpos del expediente. Y una vez que podamos cumplimentar con el envío de todo el cúmulo de información que nos han pedido, vamos a tener la posibilidad de que se constituyan en el terreno. Yo espero entregar todo lo que me pidieron la semana que viene. Luego, será la presentación del plan de trabajo por parte del Equipo de Antropología Forense, que deberá ser evaluado por el Poder Judicial en función de si eso tiene costos. En ese caso, espero que nos habiliten para poder avanzar con el trabajo de gente preparada para este tipo de búsquedas», dijo el juez al programa Puro Cuento que se emite por Radio Costa Paraná 88.1. 

El caso


 

En el verano de 2002, toda una familia desapareció de la faz de la tierra en Entre Ríos: desde entonces no se supo qué destino tuvieron, a qué sitio se fueron -si es que se fueron-, por qué se fueron, o, en el peor final, si están todos muertos, qué los llevó a ese desenlace: ¿los mataron? Y si los mataron, dónde están sus cuerpos. Los Gill, de ellos se trata, no dejaron ningún rastro. Hasta ahora, nada se sabe de ellos.

Rubén “Mencho” Gill, en 2012 de de 55 años; su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia de 12, Osvaldo José de 9, Sofía Margarita de 6 y Carlos Daniel de 2, fueron vistos por última vez  en el velorio de un amigo de la familia, el 13 de enero de 2002, en Viale, a treinta kilómetros de La Candelaria, el campo en el que vivían y donde el hombre trabajaba como peón. O sea, diecisiete años atrás desaparecieron y no se volvió a tener noticias de ellos.

La última pista que sigue la Justicia la aportó un contratista rural que conoció en vida a Rubén Gill. En febrero de 2018, el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, que ahora tiene la causa, caratulada “averiguación de paradero”, encabezó un operativo en la estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima. Fue a partir de los datos aportado por Armando Nanni, un testigo que apareció tras la muerte del dueño del campo, Francisco Goette, en 2016, y que está convencido de que los Gill están muertos y enterados en el mismo lugar adonde vivieron, la estancia de Crucesitas Séptima.

En octubre de 2017  hubo un allanamiento a la estancia, y Nanni marcó dos lugares posibles. La Justicia contrató a una empresa especializada en excavaciones, que el 5 de febrero de 2018 comenzó la tarea, pero al final de varios días de faena no encontró sino restos de animales muertos.

“Quito” Villanueva, que vive frente a La Candelaria, propiedad de Alfonso Francisco Goette, cree haber visto al “Mencho” Gill cruzando a caballo el lunes 14 de enero de 2002, y eso contó en la Justicia de Nogoyá. La declaración de Villanueva es otro dato clave: es el último que vio a Gill con vida.

El propietario de la estancia La Candelaria y patrón de los Gill, Alfonso Francisco Goette, murió en un accidente de tránsito. Fue la noche del jueves 16 de junio de 2016. Una mala maniobra provocó la salida de la ruta, el despiste y el vuelco de la camioneta Nissan Frontera que conducía el hombre, entonces de 70 años. Las heridas producidas en aquel vuelco, ocurrido en la intersección de las rutas 32 y 35, lo llevaron a la muerte.

La muerte de Goette produjo un giro inesperado en la causa. Armando Nanni, un contratista rural de Tabossi, que supo realizar trabajos de siembra en el campo de Goette, y que conocía a “Mencho” Gill, se animó entonces a hablar.

Nanni no había querido hablar antes por “miedo” a Goette. Pero con Goette muerto, acudió a los Tribunales de Nogoyá, y habló con el magistrado a cargo de la causa, el titular del Juzgado de Transición, Gustavo Acosta.

Y dio un dato: que los Gill no se fueron de viaje ni están en otra provincia sino que podrían estar en el mismo lugar donde siempre, la estancia La Candelaria. Muertos. Y enterrados.

Y aportó una pista que ahora sigue la Justicia: que veinte días antes de que desapareciera la familia, en el verano de 2012, “Mencho” Gill cavó dos pozos, uno en el lecho de un arroyo que entonces estaba seco.

El lunes 23 de octubre de 2017 hubo un allanamiento en el campo La Candelaria, cuyo casco principal está desocupado. Fue una primera inspección ocular de la Justicia.

El primer pozo inspeccionado no arrojó ningún resultado. La búsqueda de los restos en el segundo  pozo tropezó después con la burocracia judicial, y que las tareas nunca se reiniciaron. El juez Acosta recién volvió al campo de La Candelaria el Día de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre último, para una tarea puntual: recogió 107 fotografías del lugar, realizadas con un dron, y con la colaboración de la División Criminalística de la Policía de Entre Ríos se realizaron dos informes con las coordenadas de la estancia, y del lugar donde está el segundo pozo señalado por Nanni y todavía no revisado.

Todo eso se puso en manos del licenciado Juan Nobile, del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que es el organismo en quien se depositan ahora las esperanzas para la búsqueda de los restos de los Gill.

El EAAF tiene prestigio ganado aquí y en el mundo. En 1984, con la vuelta de la democracia, iniciaron un trabajo monumental de la mano del antropólogo norteamericano Clyde Snow, que sentó las bases para que lo vendría después: la identificación de los desaparecidos a partir del estudio de los restos de huesos que hallaron bajo tierra. A Snow lo llamaban el “Sherlock Holmes” de los huesos. Había trabajado en la identificación de los restos del “Ángel de la muerte” Josef Mengele, el médico de Auschwitz hallado en Brasil 30 años después del fin del nazismo, así como en el análisis forense del cuerpo de JF Kennedy. Más tarde lo haría en las fosas comunes de kurdos en Irak, donde testificó contra Saddam Hussein en el juicio que llevó a su ahorcamiento en 2006.

Antes de eso, la última pista que había seguido la Justicia la aportó un contratista rural que conoció en vida a Rubén Gill. En febrero de 2018, el juez  Acosta, encabezó un operativo en la estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima. Fue a partir de los datos aportado por Armando Nanni, un testigo que apareció tras la muerte del dueño del campo, Francisco Goette, en 2016, y que estaba convencido de que los Gill están muertos y enterados en el mismo lugar adonde vivieron, la estancia de Crucesitas Séptima.

En octubre de 2017  hubo un allanamiento a la estancia, y Nanni marcó dos lugares posibles. La Justicia contrató a una empresa especializada en excavaciones, que el 5 de febrero de 2018 comenzó la tarea, pero al final de varios días de faena no encontró sino restos de animales muertos.

“Quito” Villanueva, que vive frente a La Candelaria, propiedad de Alfonso Francisco Goette, cree haber visto al “Mencho” Gill cruzando a caballo el lunes 14 de enero de 2002, y eso contó en la Justicia de Nogoyá. La declaración de Villanueva es otro dato clave: es el último que vio a Gill con vida.

Apareció un testigo que aportó dato clave

El juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, encabezó este lunes por la tarde un allanamiento a la estancia La Candelaria, en la zona de Crucesitas Séptima, en el departamento Nogoyá, donde trabaja una familia que en 2002 desapareció de la faz de la Tierra y de que cuyo destino nunca jamás se supo nada: los Gill.

Ese año, 2002, fue el último en que se vio con vida José Rubén «Mencho» Gill y a su familia con vida. Fue  en el velorio de un amigo, más precisamente el 13 de enero de 2002, en Viale, a treinta kilómetros de La Candelaria, el campo en el que vivían y donde el hombre trabajaba como peón.

Al día de hoy, nadie sabe nada de Mencho Gill, de 56 años en ese momento, su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, ni de sus hijos María Ofelia, de 12, Osvaldo José, de 9, Sofía Margarita, de 6, y Carlos Daniel, de 2.

No aparecen en registros oficiales ni migratorios, nunca tuvieron trabajos registrados ni los chicos nunca fueron inscriptos en ninguna escuela. Ninguno de ellos fue detenido ni se presentaron a votar.

La investigación comenzó tarde, tuvo mucho de negligencia e impericia y no ha arrojado ninguna pista que permita desentrañar el misterio.

El expediente todavía conserva la carátula de “averiguación de paradero”, sin imputados ni responsables, según una reconstrucción del caso hecho por el sitio «Página Judicial».

Llegar tarde

Los parientes se enteraron de la desaparición de la familia recién después de tres meses. Fue el patrón, Alfonso Goette, quien les avisó. Se presentó el 3 de abril en la casa de Luisa, una hermana de Mencho, preguntando por ellos. Les dijo que habían salido de vacaciones y que no regresaron; sugirió que podrían estar en la casa de unos parientes en Santa Fe o que tal vez habían viajado a buscar otro empleo en el norte.

La familia siempre lo apuntó como sospechoso y nunca creyó que se hubieran ido por su cuenta; no conciben que nunca más se comunicaran con ellos.

María Adelia Gallegos, la madre de Margarita, aseguró que “el error es buscarlos vivos, porque ellos ya están muertos y enterrados” y volvió a apuntarle al dueño del campo: “Para mí tienen que buscar donde vivían hace catorce años, que es el campo de Alfonso Goette”, le dijo al diario La Acción de Nogoyá.

En la casa, un galpón dentro de la estancia, nada hacía presumir que se hubieran marchado: allí quedaron sus muebles, electrodomésticos, documentos, ropas. Margarita dejó sueldos sin cobrar en la escuela donde trabajaba como cocinera.

Pero el juez de Instrucción de Nogoyá, Jorge Sebastián Gallino, se inclinó por la hipótesis que apuntaba a que la familia se había ido de vacaciones, que tal vez habían conseguido otro trabajo y por eso no habían regresado.

Recién en julio de 2003, es decir, 18 meses después de la desaparición, el juez ordenó la primera inspección en la estancia La Candelaria. Sin resultados. En los años posteriores se hicieron relevamientos, rastrillajes, excavaciones, controles de fronteras, se tomaron testimonios. Tampoco surgieron datos.

El jueves 16 de junio de 2016, murió Goette, el dueño del campo La Candelaria, y esa muerte, en principio, podría provocar un vuelto en la causa y en el misterio de la desaparición de los Gill. Un contratista rural, que trabajó varios años en el campo, decidió aportar un dato. Antes de que desapareciera «Mencho» Gill, Goette le había hecho hacer varios pozos en el campo, uno sobre un curso de un arroyo, que, se presume, podría ser el sitio donde fueron enterrados los cuerpos de los integrantes de la familia.

El allanemiento al campo fue encabezado por el juez Acosta, y se sumaron el fiscal Federico Uriburu, personal de Criminalística de la Policía, y la mamá de la esposa de Gill, más un testigo nuevo que apareció en la causa. «Esta persona le tenía miedo a Goette, y ahora, con Goette muerte, se animó a hablar. Esta persona nos marcó los dos lugares donde él vio a Gill haciendo unos pozos, veinte días antes de  desaparecer. Ahora, lo que vamos a hacer es disponer una serie de excavaciones. Nos señaló una estructura de hormigón, fuimos y efectivamente estaba, y también señaló un lugar en el arroyo donde Gill debió hacer un pozo», contó una fuente judicial.

Cauto, el juez Acosta prefirió no abundar en detalles respecto del procedimiento que se llevó a cabo este lunes porque, dijo, «es todo muy embrionario».

El propietario de la estancia La Candelaria y patrón de los Gill, Alfonso Francisco Goette, murió en un accidente de tránsito. Fue la noche del jueves 16 de junio de 2016. Una mala maniobra provocó la salida de la ruta, el despiste y el vuelco de la camioneta Nissan Frontera que conducía el hombre, entonces de 70 años. Las heridas producidas en aquel vuelco, ocurrido en la intersección de las rutas 32 y 35, lo llevaron a la muerte.

La muerte de Goette produjo un giro inesperado en la causa. Armando Nanni, un contratista rural de Tabossi, que supo realizar trabajos de siembra en el campo de Goette, y que conocía a “Mencho” Gill, se animó entonces a hablar.

Nanni no había querido hablar antes por “miedo” a Goette. Pero con Goette muerto, acudió a los Tribunales de Nogoyá, y habló con el magistrado a cargo de la causa, el titular del Juzgado de Transición, Gustavo Acosta.

Y dio un dato: que los Gill no se fueron de viaje ni están en otra provincia sino que podrían estar en el mismo lugar donde siempre, la estancia La Candelaria. Muertos. Y enterrados.

Y aportó una pista: que veinte días antes de que desapareciera la familia, en el verano de 2012, “Mencho” Gill cavó dos pozos, uno en el lecho de un arroyo que entonces estaba seco.

El primer pozo inspeccionado no arrojó ningún resultado. La búsqueda de los restos en el segundo  pozo tropezó después con la burocracia judicial, y que las tareas nunca se reiniciaron. El juez Acosta recién volvió al campo de La Candelaria el Día de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre de 2019, para una tarea puntual: recogió 107 fotografías del lugar, realizadas con un dron, y con la colaboración de la División Criminalística de la Policía de Entre Ríos se realizaron dos informes con las coordenadas de la estancia, y del lugar donde está el segundo pozo señalado por Nanni y todavía no revisado.

Todo eso se puso en manos del licenciado Juan Nobile, del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que es el organismo en quien se depositan ahora las esperanzas para la búsqueda de los restos de los Gill. “Ya tienen todo el material. Nóbile estuvo estos días en La Candelaria, al frente del operativo de excavación, que dio resultado negativo.

Antes, el EAAF había solicitado material: los 18 cuerpos del expediente de la causa de los Gill, fotografías con drones y planos del lugar y todo eso les fue enviado.

Pero el último rastrillaje del EAAF no aportó nada nuevo. El misterio del paradero de los Gill sigue oscureciéndose. Y los años, fatalmente, pasan y arrinconan todo al olvido.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora