Me recibió en su casa con esa firmeza y profesionalismo con la que la recuerdo, en otras épocas de juventud, donde sin existir celulares y mucho menos redes sociales, pasar por su local era un punto obligado para todos los adolescentes. En la vuelta por el centro caminando, pasábamos varios minutos pegados «con la ñata contra el vidrio» mirando y comentando las fotos del último evento sucedido en la ciudad. La vidriera de Tina, era una exposición artística de su trabajo, y era además una galería popular que mostraba festejos, actos, momentos felices e históricos de tantas familias y comunidades que contrataban su servicio prestigioso para que sea la encargada de registrar y retratar esos momentos inolvidables que querían atesorar en imagen.
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Tina Hernández, arrancó con su labor fotográfica, aprendiendo de su esposo: Juan José Herbel. De allí el nombre del estudio: «Foto Juancito». Se casaron cuando Tina tenía 25 años, ella lo asistía y aprendía mirando su trabajo. Pero una noche de lluvia, una pareja de novios radicada en el campo, no pudo llegar a la Iglesia de Viale, por lo que el evento se suspendió. Juan decidió irse de pesca con amigos, sin saber que al día siguiente (domingo), la pareja llegaría para el anhelado momento y al no estar el fotógrafo, Tina juntó valor y se fue con su cámara a cubrir la boda. Tenía mucho temor de no poder cambiar correctamente el rollo, en esas épocas era todo más complejo y los riesgos de arruinar un trabajo así, eran mucho mayores. El festejo fue en el campo y se fue con otra invitada, el barro las dejó con el auto empantanado en el barrial del camino y su atuendo elegante de color blanco, volvió tapado en tierra. Pero ese día, Tina comenzó a realizar servicios y fue mejorando su destreza y su talento con el correr del tiempo.
«En las épocas que yo inicié, era muy importante para los clientes, que las fotos fueran prolijas, posando, tradicionales. No les gustaba ser tomados por la cámara de manera espontánea y sorpresiva. Quizás por eso seguí siempre indicando a las personas cualquier detalle en su ropa o su postura», me comentaba, y yo sonreía porque hasta hoy cuando alguien me toma una foto con el celular, y me hace una observación similar, le decimos «tiembla la Tina», en honor a nuestra eterna fotógrafa.
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Entre los miles de momentos felices de tantas personas, en los que fue parte e invitada como alguien más de la familia, Tina recuerda con mucho cariño las épocas de ExpoViale, donde preparaba orgullosa su stand y recibía ayuda del maravilloso Anibal Dagostino, un artista que hacia brillar su espacio y la llevó siempre a ganar los premios, entre los que destaca un viaje muy lindo a Bariloche que vivió junto a su esposo, quien ya no está. Incluso en una expo, con el número de entrada, se ganó un vehículo, así que esa fiesta que hoy ya no existe, para ella representa un montón de recuerdos felices.
También me contó la anécdota más complicada, cuando cubriendo un casamiento en Seguí, había preparado su cámara y Juan, le sacó los rollos por unas fotos carnet que quería revelar. Hizo fotos todo el tiempo sin contar con el material dentro de la cámara y jamás olvidó lo que le dolió no haber podido cumplir con su labor. O aquella más graciosa cuando visitó la ciudad el famoso actor Darío Vittori, relevante figura con la que todos querían foto, tomó muchas imágenes individuales de seguidores con la figura de espectáculos, y cuando vio que la cámara seguía sacando pasando el número 36, se dio cuenta que el rollo estaba trabado y tuvo que volver a sacar cada una de las fotos, lo cual en ese momento fue muy vergonzoso y ahora resulta ser una anécdota divertida.
Hoy tiene ya 81 años, aunque aparente muchos menos. Disfruta de sus afectos, hermanos y sobrinos. Y sus amigas de quien habla con calidez y agradecimiento. Pero aun hoy, con menos frecuencia y un poco como pasatiempo, sigue de vez en cuando cubriendo algún evento. Más de 50 años de trayectoria. Todo un símbolo para muchos vialenses que crecimos enamorados de sus fotos y contentos cuando teníamos el privilegio de aparecer en su vidriera.
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Soy muy agradecida por poder haberle reconocido su tarea personalmente, su aporte valioso para documentar tantos magníficos momentos de nuestra vida como familias y como localidad.
«Mi familia a veces me dice que venda mis cámaras, les da temor que ande en la ruta sola por ir a cubrir un festejo. Pero no puedo, me duele pensar en hacerlo. Esto representa a lo que dediqué mi vida y no puedo separarlo de mi aunque pase el tiempo». Gracias Tina, por haber sido con tu estudio y tu trabajo, parte de tantos momentos que ya no volverán, que guardamos en la memoria como un lujo que la modernidad no podrá arrebatarnos.