Las definiciones en torno a estos días convulsionados ante el inminente cierre de listas, lo dejo a los expertos. Pero me detengo a expresar un punto de vista más reflexivo en cuanto al enfoque que muchos de estos medios le dieron a mi participación.
Todos saben que hace 5 años atrás, escribí una carta a Leo Messi, cuando este jugador dejaba la selección tras perder una nueva final. Mi mensaje cargado de optimismo y valor por el camino que uno recorre en la búsqueda de los triunfos, dio la vuelta al mundo y me generó una fugaz popularidad en la sociedad y un acceso privilegiado a medios nacionales de enorme repercusión. En aquel momento, como hoy, ocupé cada minuto en hablar sobre la defensa de la educación pública y el rol fundamental de los maestros. Esa carta permitió un sinfín de momentos únicos y recursos necesarios para los gurises de mi escuela, desde tener estufas para cada aula hasta viajar a San Juan y ver un partido de la selección. Esos momentos de felicidad plenos que quizás jamás hubieran podido vivir de otra forma.
Años más tarde, dejé el escepticismo sobre la política partidaria y acepté el desafío de intentar luchar por esa misma premisa desde un lugar de representación en mi ciudad. Y la gente me dio esta enorme responsabilidad, con su voto democrático. Desde entonces trabajo como siempre lo he hecho, pero ocupando una banca como concejal y teniendo el poder para intentar cambiar la realidad que nos atraviesa y nos duele.
En este mismo espacio virtual, doy a conocer cada acción, los más de 40 proyectos que en un año y medio voy presentando, las recorridas, el reconocimiento a los verdaderos protagonistas del desarrollo de mi ciudad que son los trabajadores anónimos a los que trato de visibilizar. Me propuse ser transparente no solo con el desempeño de mi tarea legislativa, sino ser comprometida en el ejercicio de mi labor, al punto de publicar abiertamente mi declaración jurada y hacerlo cuando deje mi cargo, para que los vecinos tengan plena seguridad de que los principios y valores como la honestidad y honradez, fueron pilar de mi gestión. Siempre desde los hechos concretos, palpables, comprobables, no desde el discurso; esos mismos discursos vacíos que como ciudadana escuché y me produjeron vergüenza y bronca.
Sin embargo, parece que todo eso queda relegado a la indiferencia, porque se me trata de mostrar a la sociedad como un «producto de mercado», una seño que se hizo «famosa» y que con eso me bastó para llegar a la política y seguir creciendo. Parece una conducta común para nosotras las mujeres, el que en todo aspecto, se nos trate de encasillar en un descubrimiento superficial y marketinero, dejando a un lado todo tipo de capacidad, conducta y trabajo, que son los reales caminos por los que uno transita hacia los objetivos que se plantea.
Hoy vengo a decirles lo equivocados que están. Los «ciudadanos de a pie», los cientos que como yo, sobrellevaron infinidad de batallas para estudiar y acceder a una carrera profesional, los que saben de diversidad de oficios porque la vida nos empujó a aprender para sobrevivir, los que enfrentamos las complejidades de ser laburantes que viajamos en transporte público, que recorremos los supermercados en busca de ofertas porque el sueldo docente es miserable, los que nos chocamos con la realidad dolorosa de gurises carentes de inmensidad de derechos en una escuela pública, los que entendemos el sacrificio que implica pagar los impuestos y luchamos por vivir dignamente sin dejar de cumplir con los deberes, también tenemos la suficiente capacidad para disputar lugares de poder y representación.
Y sobre todo, las mujeres, los jóvenes, los que parecemos tener que gastar las zapatillas demostrando cualidades que a los hombres no se les exige, para acceder a esos mismos espacios que parecen tener condicionantes según el género y la edad, cada centímetro de sendero transitado hacia nuestros sueños, nos ha significado muchísimo de coraje, de esfuerzo y de lucha. Demasiadas lágrimas, debates, pérdidas, reclamos y partidas. Por eso peleamos por una sociedad con equidad e igualdad de oportunidades. Porque mientras sigamos siendo catalogados como «productos» y no como personas capaces que simplemente hoy han sido visibilizados, el mundo político seguirá siendo como la vida misma, una enorme esfera de profunda desigualdad.