Vivimos un tiempo complejo, doloroso y triste; no creemos que haya lugar para este discurso que incita la violencia y el odio. ¿Cómo permitir algo así? Ni ahora ni nunca, y de hecho viralizar y darle entidad a mensajes de esta índole, es seguir reproduciendo sentidos que nos alejan, que degradan y atrasan en materia de derechos humanos.
Nos debemos miradas más empáticas y cuidadas. No nos puede dar lo mismo. Son tiempos de solidaridad, responsabilidad y respeto con las diferencias.
Las divergencias políticas son parte de la construcción democrática de los pueblos, no así el odio.
Es penoso reproducir estos sentimientos en nuestras infancias y en nuestra sociedad en general.
Llamamos a la reflexión y responsabilidad de estos sectores.
El mensaje es reiterado: responsabilidad, empatía, unidad y solidaridad son el camino.