Esa tarde cientos de fieles junto a autoridades cívicas, religiosas y de seguridad se dieron cita en la Catedral Metropolitana para participar de la ceremonia de Toma de Posesión, en la que Monseñor Puiggari expresó: “Aquí estoy Señor” para hacer Tu Voluntad. En esta tarde, comienzo mi ministerio episcopal, en comunión con el sucesor de Pedro, nuestro Sumo Pontífice Benedicto XVI, teniendo clara conciencia que me entronco en una antigua y rica tradición eclesial que ha tenido egregios y santos obispos, riqueza de abnegación sacerdotal, de vida consagrada y de laicos que han entregado su vida al servicio de Dios y de los hermanos. Esta realidad me hace sentir un cierto temor ante la nueva misión que sobrepasa mis capacidades humanas, que no dejan de confundirme, pero, al mismo tiempo, es una invitación a la confianza y a un sereno abandono en Aquel que llama a seguirlo más de cerca. Resuena fuerte en mi corazón las Palabras de Jesús a Pablo “Mi gracia te basta, porque mi poder triunfa en la debilidad”.

La designación

A fines de 2010 se había conocido la noticia de que el entonces Papa Benedicto XVI aceptaba la renuncia, presentada por límite de edad, de quien era el arzobispo de Paraná, monseñor Mario Luis Bautista Maulión. En su reemplazo se designó y promovió a Arzobispo a monseñor Juan Alberto Puiggari, -quien era obispo de Mar del Plata-.

Monseñor Puiggari es  el quinto arzobispo (y décimo diocesano) de Paraná. Paraná fue creada como diócesis el 13 de junio de 1859 y elevada a arquidiócesis el 20 de abril de 1934.

Su primer obispo fue Mons. José Gabriel Segura y Cubas. Se hizo cargo de la sede el 3 de junio de 1860.

El segundo obispo fue Mons. José María Gelabert y Crespo. Asumió el 1 de octubre de 1865

Lo sucedió Mons. Rosendo de la Lastra y Gordillo. Tomó posesión el 28 de mayo de 1898.

El cuarto obispo fue Mons. Abel Bazán y Bustos. El 15 de mayo de 1910 tomó posesión de la sede.

El quinto obispo de Paraná fue Mons. Julián Pedro Martínez, quien se hizo cargo el 7 de julio de 1927.

Elevada a Arquidiócesis, Pío XI designó a Mons. Zenobio Lorenzo Guilland primer arzobispo (sexto diocesano) de esta sede. Tomó posesión el 23 de marzo de 1935.

El segundo arzobispo de Paraná (y séptimo diocesano) fue Mons. Adolfo Servando Tortolo. Tomó posesión el 29 de diciembre de 1962.

El tercer arzobispo de Paraná (y octavo diocesano) fue Mons. Estanislao Esteban Karlic. El 20 de marzo de 1983 asumió el cargo de Arzobispo coadjutor con derecho a sucesión y administrador apostólico. Fue promovido a arzobispo de Paraná por sucesión desde el 1 de abril de 1986.

El cuarto arzobispo de Paraná (y noveno diocesano) fue Mons. Mario Maulion,  promovido como arzobispo de Paraná el 29 de abril de 2003; tomó posesión el 9 de julio del mismo año.

Lema y Escudo Episcopal de Monseñor Puiggari

El lema “Instaurare omnia in Christo”, está tomado del himno del Apóstol al comienzo de la Carta a los Efesios (1,10), en el cual la Iglesia celebra al Padre que, en su Hijo, manifestó el plan divino de salvación: “hacer que todo tenga a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Cf. T.M.A, 6)

La cruz hace presente a Jesucristo que, como Maestro, Sacerdote y Rey, restaura toda la creación. Su forma de espada simboliza la Palabra de Dios que debe ser predicada con valentía por el apóstol (Ef. 6, 17-19). La cruz, puente por donde la gracia baja a la creación y la vivifica, está clavada sobre la tierra y se eleva sobre el azul del cielo en su misión de unir a los hombres con Dios. A los pies de la Cruz, junto a Jesús está su Madre, María (Jn. 19,25) simbolizada por las iniciales del saludo del ángel, grabadas en plata. Por ella se hizo posible la Encarnación.

El misterio de recapitulación de todo en Cristo es obra del espíritu Santo –simbolizado por la paloma. “agente principal de la nueva evangelización”, “que construye el reino de Dios en el curso de la historia” (T.M.A., 45). La gloria de Dios Padre, fin último de la creación y redención, aparece señalada en la nube que abraza la misión del Hijo y la acción del espíritu Santo. El oro une e identifica a la Trinidad Santísima.

El verde significa el espacio donde iniciará su ministerio episcopal y, en cuanto color de la esperanza, encarna el tiempo de preparación para el Tercer Milenio de la Redención.