En este cambio de hábitos muchos se han preguntado cómo será volver a la nueva realidad pos pandemia. ¿Cómo serán las modalidades de trabajo? ¿Cómo serán las nuevas formas de disfrute el tiempo libre? ¿Volveremos a la vorágine diaria? Éstas y otras preguntas más son las que muchas familias, fundamentalmente las que viven en las grandes ciudades, se estuvieron haciendo durante el largo tiempo de confinamiento.

Frente a esto algunas se adaptaron y siguieron, pero otras resolvieron buscar la tranquilidad, seguridad y posibilidades de vida en las ciudades pequeñas del interior de Buenos Aires y Santa Fe.

Al mismo tiempo muchas pequeñas ciudades y comunidades del interior del país que vieron drásticamente reducidas sus poblaciones en los últimos años al punto tal de ir “desapareciendo”.  No todas las comunidades se resignaron a desaparecer, algunas tomaron el desafío de tornarse lugares atractivos para que los migrantes de las grandes urbes los elijan como sus futuros lugares de residencia, desarrollo y crecimiento.

Hubo pequeñas ciudades que recurrieron al auxilio de ONGs, en busca de la ayuda necesaria para transformarse en “ese lugar” para que cientos de personas pudieran soñar con COMENZAR una nueva etapa en su vida.

Este fenómeno de migraciones internas es lo opuesto al proceso vivido en el país a mediados del siglo pasado donde las oportunidades se buscaban en las grandes ciudades con desarrollo industrial lo que dio origen a los cordones urbanos de Buenos Aires, Rosario o Córdoba.

Estos nuevos movimientos que los ciudadanos deciden hacer frente a los grandes cambios que vivimos como humanidad merece que, al igual que en otros países, el estado en todos sus estamentos (nacional, provincial y municipal) tome posición y genere políticas públicas que se adapten a estos nuevos desafíos pensando en nuestro vasto territorio nacional.

Los cambios que se viven a nivel mundial y repercuten en nuestro país, implica que una parte de la población ya no busca en las grandes ciudades las oportunidades laborales, la buena educación para sus hijos, el acceso a salud de calidad, el esparcimiento, etc. Desde la pandemia, e incluso un tiempo antes, los ciudadanos evalúan otras cosas para decidir dónde quiere vivir.

Este es, entonces, un excelente momento para pensar en un nuevo desarrollo territorial de toda la Argentina. Ya no alcanza con beneficios impositivos para la radicación de empresas, ahora es imprescindible que las políticas se ocupen de generar arraigo y sentido de pertenencia a quien toma la decisión de migrar.

Los dirigentes y quienes tienen a su cargo llevar adelante la política en todos los niveles y de todos los partidos, debemos construir un gran acuerdo político y social de largo plazo, que implique la realización de inversiones, que no pueden ser espasmódicas, para dotar de la infraestructura, conectividad y accesibilidad. Debemos también conversar sobre qué tipo de desarrollo económico, político y social queremos, entendiendo el nuevo rol de las tecnologías de la información y la comunicación, como así también las nuevas formas de trabajo.

En el país hay ejemplos concretos y exitosos, uno de ellos es Tandil, la Silicom Valey argentina, donde un acuerdo público privado, llevó a la ciudad de la piedra movediza y los salamines a tener más de 50 empresas exportadora de software con una facturación de más de 7 millones de dólares anuales.

Es momento de ponernos a trabajar en la construcción de esos acuerdos público privados que transformen nuestras ciudades, en un lugar atractivo para que más personas quieran venir a vivir y que eso permita que todos podamos crecer y generar más divisas para el país y mejores lugares para vivir.

 Contador Uriel Brupbacher

Diputado Provincial Entre Ríos