Nos ayudan desde cada lucero de eternidad los hombres y mujeres que el 29 de junio de 1815, convocados por José Artigas , decidieron romper las cadenas de todo poder extranjero, como integrantes de la Liga de los Pueblos Libres, oportunidad en que también se gestó la primera reforma agraria de latinoamérica  y se abría el corazón de la región guaranítica para que» los más infelices sean los privilegiados».
Nos ayudan desde cada estrella de coraje, los hombres y mujeres que aplaudieron en San Miguel de Tucumán, el 9 de julio de 1816,  la decisión de aquellos 29 congresales que «llenos del santo amor de la justicia, todos por aclamación decidieron que las Provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España».
Y  desde Entre Ríos, como en aquellas jornadas trascendentes para la historia compartida, volvemos a levantar la bandera de las igualdades y los sueños comunes. Gobierno y pueblo de esta tierra federal saludamos la gesta maravillosa de las hermandades.
En el instante preciso que pongamos la escarapela en el pecho o la bandera en el frente de nuestra casa, seguramente veremos asomar sobre las aguas de los ríos nombradores los rostros de quienes fortalecieron la identidad de nuestro paisaje interior, mientras Leopoldo Herrera, desde un mangrullo de feliz compromiso nos reunirá en torno a la oración con sabiduría: «Oh Patria, enciende en nuestra mente la antorcha de tu genio. Para que nuestra jornada en la tierra sea por la paz, por la justicia, por la libertad, por el evangelio de tu fe republicana. Oh Patria inmortal de los argentinos ! «.