Los años transcurrieron, Don Mateo fue transmitiendo su conocimiento a Don Eduardo su hijo, quién continuó su legado. Comenzando muy jovencito a trabajar en la amplia variedad de producciones, desde carretas o ruedas de carro, hasta las cajas de los vehículos en años posteriores. La madera en esos años, era una materia prima elegida para todo, muchas de las aberturas, muebles, accesorios que hoy son fabricados en otra diversidad de materiales, en aquellos años eran solo elaborados en madera. Y así Don Eduardo se puso al frente de la empresa y también involucró en el trabajo a uno de sus hijos, Juan Carlos, conocido por todos nosotros como «Pollo». Tengo que admitir que esta visita estuvo sugerida por mi papá, porque él también es de oficio carpintero, y siempre me decía que cuando era más gurisa, y se me ocurrían proyectos ambiciosos para maquetas escolares, él podía cumplir con las ayudas que necesitaba, porque su amigo «pollo» le permitía usar sus máquinas y herramientas sin costo alguno, siempre remarcando en su amigo lo buena persona que es.
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«Pollo», cumplió sus 68 años ayer domingo. No los aparenta. Demuestra unas enormes ganas de seguir trabajando en su empresa, como lo hace desde los 14 años. Un aficionado también al ciclismo, disciplina que disfruta muchísimo.
Hoy, trabaja junto a dos de sus hijos: Matías y Esteban. Me contaron de su amplia red de clientes que siguen eligiendo sus trabajos, no solo en Viale, sino en otras ciudades de la provincia. Y digo red, porque muchos de esos clientes llegaron a ellos por recomendaciones y apoyo de otros clientes, que satisfechos con sus obras y asesoramiento, les han abierto nuevas oportunidades de desarrollo comercial: -«Satisfacciones hay muchas. Cuando un trabajo de tantos días y horas invertidas, queda aún mejor de lo que soñó el cliente, para nosotros es una inmensa alegría. Obvio que también a veces existen fallas, pero lo importante es ser responsable y poder solucionarlas».
Recorrí las instalaciones, donde orgullosos me mostraron sus últimas adquisiciones en maquinarias para los trabajos. Como también me contaron que «Pollo» no deja que vendan una vieja máquina que estuvo desde los inicios, por la significatividad que encierra en la historia de ese lugar. También me comentaron que cuentan con la ayuda de su empleado Hugo «masita» Siebenlist, que hace décadas trabaja con ellos, aunque para pollo es más que eso: «para mi es como otro hijo. Para ellos (Matías y Esteban) como un hermano».
Creo que eso es lo magnífico de este lugar, que es una gran familia, logrando desde hace más de 83 años sostener una empresa que está en el podio de las de mayor vigencia y trayectoria en nuestra ciudad. Cada pieza, cada amoblamiento, cada proyecto, conlleva no solo su tiempo y su impecable trabajo, sino también la impronta de manos artesanas que le impregnan sus cualidades artísticas. «La entrerriana», es mucho más que una carpintería, es un emblema en nuestro pueblo, más de 8 décadas sostenidas con trabajo, cuatro generaciones como artesanos de la madera.
Gracias por recibirme, por compartir conmigo su historia, por el hermoso obsequio. Gracias por todo lo aportado a la ciudad en tantos años. Para mi recorrer empresas, emprendedores, trabajadores, que han hecho de Viale la ciudad que es hoy, es reconocer en vida a los verdaderos protagonistas del desarrollo, a los hombres y mujeres que dedicaron su vida a trabajar y poner nuestra ciudad de pie. Gracias por eso.