Hoy una vez más estamos reunidos para recordar, conmemorar, revivir y darle una interpretación a la independencia Argentina

Nuestra independencia se gestó en un contexto internacional muy  particular: el absolutismo se imponía en Europa  y la reacción española triunfaba desde México hasta Chile, sólo en  el Río de la Plata se sostenía un gobierno americano  pero en esta realidad próxima la situación de conflicto o peleas internas continuaban. Pero a pesar de estos contratiempos, los tiempos fueron decisivos para  reunirse en Tucumán y  el congreso  inauguro sus sesiones el 24 de marzo de 1816 y el 9 de julio  se declara nuestra independencia.
En síntesis: nuestra independencia se debió a la voluntad de algunos hombres (como San Martín), al apoyo-popular a la guerra de independencia, y a que las circunstancias no le dejaron otra opción a los sectores dirigentes de aquel momento.

Luego de tomar el poder, disponer la guerra a las autoridades coloniales, expropiar propiedades españolas en nombre de una nueva entidad política y establecer un cuerpo diplomático, la declaración de la «independencia» es más bien superflua.

La independencia no se obtiene en un papel, se gana con la fuerza de los hechos. Ese congreso estaba muy lejos de representar lo que hoy conocemos como «Argentina». Ese nombre no existía, el espacio se denominaba abarcadoramente «Provincias Unidas». No estaban Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, el espacio de las Misiones, ni la Banda Oriental (en ese entonces, parte del territorio), que apoyaban la disidencia artiguista.

Tampoco las inexistentes provincias de Formosa, Chaco, Chubut, Neuquén, Santa Cruz, La Pampa y Río Negro, que no eran un desierto esperando que alguien se digne habitar, sino que estaban en manos de otras sociedades, que no eran justamente «argentinas». En cambio, sí tenían representación Charcas (hoy Sucre), Cochabamaba y Mizque. Deliberaba sólo una parte menor de lo que luego sería la Argentina, mientras participaban territorios que luego no lo serían. En sentido estricto, eso no fue un «congreso», fue una Asamblea Constituyente.

No basta con haber sido solo independiente. La verdadera libertad de un pueblo reside en el entendimiento, el saber, la libertad de conciencia.

Podemos decir que entre el 29 de junio de 1815 y  el 9 de Julio de 1816, se imprimió un proceso  en el corazón de todos los argentinos, marcó el inicio  de un trayecto que debemos cuidar, una  senda que hoy como argentinos estamos transitando y debemos como seres morales proteger que no se teñían con hechos que entorpezcan los derechos de los argentinos.

Existen dos palabras significativas para  nuestra patria, ellas son: libertad e independencia, palabras simples, queridas, cálidas y muy cercanas a nuestros sentimientos y a nuestro hacer diario,  Aquellos que nos recuerda cotidianamente nuestra pertenencia a este suelo, a esta nación, en ella, también se sintetizan las páginas más importantes de nuestra historia, páginas cargadas de gestas fundamentales que se escribieron con valentía y sangre, y las muestras de coraje de hombres y mujeres que entregaron su vida peleando por sus convicciones, y por la apertura de este camino, que hoy solemos transitar  sin miedo y mirando siempre para adelante.

Esta fecha forma parte de un proceso del que podemos mencionar nuestros hitos que fueron forjando la idea de emancipación, la defensa de las invasiones inglesas de 1806/7, el 25 de mayo de 1810, la asamblea constituyente de 1813 que sentó las bases de un nuevo país y el Congreso de Oriente, Arroyo de la China, en Concepción del Uruguay. Un  proceso marcados por  conflictos y disputas, una historia compleja y repleta de acuerdos y desacuerdos, encuentros y desencuentros, conflictos y armonías. Para un pueblo la independencia es un proyecto colectivo presente y futuro y no es únicamente una declaración hecha en un momento histórico determinado. Es algo que se construye día a día, es un proyecto de país, un proyecto de sociedad, el mismo que  debemos estar involucrados diariamente.

Hoy, a 203 años de aquel primer grito enardecido y teñido por el aroma del lejano Tucumán, asistimos una vez más a una posibilidad histórica, tenemos oportunidad de seguir construyendo la independencia y la libertad, generar consensos que nos permitan avanzar hacia la construcción solida de una sociedad.  Una sociedad basada en instituciones republicanas fuertes, y valores éticos compartidos, una sociedad que pueda sostener un dialogo maduro y racional, no solo al interior de sus fronteras, sino al resto de las naciones. Recordemos que ni azahares sorpresivos ni quebrantos accidentales, ni crisis ni temor alguno, pueden torcer el destino federal con el que fuimos concebidos. Menos aun podrán aplacar la fecunda vocación de grandeza nacional, mientras respaldados en la historia conservemos la fe en el porvenir. Apostemos juntos a un país, que jornada tras jornada, espera el esfuerzo, la creatividad y entrega de cada uno de nosotros. No tengamos miedo en convertirnos en protagonistas de la historia, de la independencia del siglo XXI, tan ligada a las conquistas de índole económico, social y cultural.

Pensar y construir una sociedad más humana, sustentable, y con dignidad para el conjunto de sus miembros es el desafío que nos debe interesar a todos.

Como comunidad   debemos trabajar  con la frente en alto, convencidos que cada esfuerzo, cada paso nos acerca a la dignidad de todos y a la libertad de todos, y que entre todos  trabajemos por una verdadera democracia y por los valores con que ella esta construida. Cada pequeño avance, abre la puerta a otra necesidad, y a nuevas demandas. Sabemos que aún queda mucho por hacer  debemos declararnos enemigos del conformismo y de la resignación,  lo importante es que cada día veamos que el  esfuerzo,  el trabajo, el estudio el respeto  y la solidaridad  son fundamentos para nuestra querida patria

José Martí expresaba  en su obra Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado.  Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el país en que nacieron los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado.  El niño desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado.  El niño que no piensa en lo que sucede a su alrededor y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un bribón, y está en camino de ser bribón.  Hay hombres que son peores que las bestias, porque las bestias necesitan ser libres para vivir dichosas: el elefante no quiere tener hijos cuando vive preso: la llama del Perú se echa en la tierra y se muere cuando el indio le habla con rudeza y le pone más carga de la que puede soportar.  El hombre, debe ser, por lo menos, tan decoroso como el elefante y como la llama.  En América se vivía antes de la libertad como la llama que tiene mucha carga encima.  Era necesario quitarse la carga o morir

Que esta palabras encuentren ecos en nuestro accionar diario para construir la libertad y conformar siempre un país independiente desde el lugar que cada uno se encuentre.

El 29 de junio de 1815, en Concepción del Uruguay, convocados por Artigas, casi exactamente un año antes que en Tucumán, los Pueblos Libres declararon la independencia bajo un régimen constitucional democrático que garantizaba el voto popular, la reforma agraria, la libertad de culto y el federalismo. Las actas del congreso se han perdido o fueron destruidas.