Llega media hora antes de la apertura del local, la prolijidad de la camisa con su nombre y el número 10 en la espalda denota el tiempo que dedica a la preparación de su vestimenta. Enfrenta el día con sus tres “herramientas” más preciadas: la bandeja, una franela siempre limpia y el destapador.

Cuando entabla el diálogo con sus clientes no parece que Daniel esté haciendo lo mismo desde hace 40 años. Para él, cada día es especial.

Con el respeto y cordialidad de un caballero, agradece la propina de los comensales a quienes hace sentir como en su casa. Se desenvuelve tan bien en el acelerado murmullo de los pasillos entre mesas y manteles blancos, como entre los bancos de suplentes, pegado a la línea de cal, con micrófono en mano.

En la banda de sonido de su vida tampoco faltan los ritmos de batucada, de la mano de Malibú, su otra pasión pagana, como el fútbol.

Entre pedidos recordados de memoria y frenéticos movimientos para destapar botellas, decide hacer un alto para hablarnos de su vida.

Sus primeros pasos en el oficio fueron en Floyd, el mítico bar de los 90, ubicado en el edificio Rosembrock, de peatonal San Martín y España de Paraná, hoy ocupado por Mc Donalds.

Había llegado desde Hasenkamp para buscar un trabajo estable que le permitiera mantener económicamente a su familia y aún recuerda aquella primera noche en la capital entrerriana. Llegó a la terminal de ómnibus con su bolsito, un puñado de sueños y la firme convicción de darle un giro a su historia. La primera noche durmió en la Plaza 1° de Mayo, pero las cosas mejorarían rápidamente, ya que a pocos metros de distancia estaba su nuevo destino laboral: abría Floyd y él tenía algo de experiencia en la atención a clientes, porque había colaborado en un local de Hasenkamp, así que quedó seleccionado.

Ahí nomás: “De frente, como hice siempre, hablé con el dueño de una pensión y le dije, trabajo ya tengo, pero dinero no. El hombre confió en mí”, relató a UNO. Así fue como obtuvo empleo y techo.

Hay algo que Aguiar no cambia desde hace cuatro décadas: un destapador de metal con la forma de una botella de gaseosa de una marca muy popular. “Estoy tan acostumbrado que con él abro las botellas en el aire, no sé qué hago si lo pierdo”.

Durante la entrevista recuerda que por sus mesas pasaron muchos artistas, deportistas y políticos: se le vinieron a la mente el actor Juan Manuel Tenuta, Raúl Lavié, la cantante Patricia Sosa, Beatriz Salomón y los humoristas Carlos Alberto Negro Álvarez y Jorge Corona.

“No tengo muchas fotos, pero sí guardo una en que estaba atendiendo la mesa del exgobernador Sergio Montiel, en una época en que trabajé como mozo en el Club Atlético Estudiantes. Me encargaron la misión a mí y yo estaba muy orgulloso”, contó Aguiar, y agregó que con los “famosos” te llevás siempre una sorpresa. “Puede ser linda o fea”, dijo, y acotó: “Me pasó con un jugador muy importante a quien prefiero no nombrar, al reconocerlo fui a saludarlo y me insistió en que estaba confundido, que no era él. Y sí, era. La verdad, no sé si habrá tenido un mal día o algún problema, pero nunca entendí por qué mintió”, dijo.

A la hora de contar alguna de las miles de anécdotas que la atención al público le dejó eligió dos: “Los hermanos Matarán y un grupo de amigos se juntaban todos los días a tomar un café. Una vez, se fueron y al rato me llamó uno de ellos por teléfono, creí que se trataba de algo urgente, pero era para avisarme que se había olvidado de dejarme la propina. Me podía pagar al otro día, o no hacerlo, porque no tenía obligación, pero llamó al bar para explicarme. Yo no tenía problemas”, señaló.

Otra vez: “Un día encontré un bolsito en una silla y yo pensé que era de uno de esos personajes que andan todos los días por los bares. Lo entregué a la caja e incluso dije de quién podía ser. Resulta que llamaron desde Santa Fe desesperados porque tenía mucho dinero, que fue devuelto, lógicamente”, enfatizó.

Hace al menos 18 años que cada noche cena pizza. No se cansa. Asegura que prefiere las de muzzarela, ananá o las de verdura entre las 38 variedades.

Fútbol “chacarero” en el alma

Aguiar es un gran apasionado y defensor del fútbol amateur, sobre todo del de Paraná Campaña. “Soy del interior, llevo en el alma el fútbol chacarero como le decimos al amateur, ese que se juega de corazón, donde no corre la plata”, definió. En su juventud jugó en los dos equipos de su pueblo: Atlético Hasenkamp y Juventud Sarmiento.

Por razones laborales y otras cuestiones colgó los botines y fue allí cuando descubrió que tenía una manera de seguir vinculado a las canchas: colaborando con la información que surgía en el campo de juego para las trasmisiones de radio. “Digo que soy colaborador porque no tengo título de periodista deportivo. Arranqué de cero y mi experiencia surgió de escuchar a conciencia otras trasmisiones. Empecé a trabajar con Omar Geminiani, periodista de Hasenkamp justamente, esto hace más de 20 años. En distintas temporadas estuve en radios de María Grande, de Viale, pero la mayoría del tiempo en las de mi pueblo”, explicó Aguiar.

Información en tiempo real

En la actualidad la tecnología achicó tanto la brecha entre el usuario y la información que también se ve reflejado en la actividad del colaborador de campo, pero Aguiar no se olvida de esos años en que sin celular, por ejemplo, tenía que correr dos o tres cuadras desde la cancha en donde estuviera hasta algún teléfono público: “La llamaba a mi mamá, a otros familiares o amigos y recibía así la información sobre lo que estaba aconteciendo en los partidos de Paraná Campaña. Tuve la posibilidad de trabajar en esa liga pero dando la información en radios de Paraná”, contó.

Trabaja en la pizzería de calle Yrigoyen de lunes a sábado y el domingo, su día franco, desempeña su función en FM Plus. “Me coincide por suerte. Es un sacrificio grande porque a veces me voy a las 10 de la mañana y, si hago el viaje en micro puedo llegar a mi casa a las 22, pero me gusta. Jamás en todos estos años cobré un peso, lo hago porque realmente es algo que disfruto”, señaló.

Aunque alguna vez relató partidos, Aguiar considera que su lugar está entre los dos bancos de suplentes, llevar los detalles de las jugadas, hacer notas a los jugadores, contabilizar datos estadísticos…

“Nunca tuve problemas, ninguno de los chicos me negó una nota y tuve la posibilidad de hacerle preguntas a jugadores que hoy están en el fútbol grande. No sólo lo vi jugar, en un partido fui rival de Rolando Barrera”, contó.

Le hizo entrevistas para la radio a Ricardo Ruiz Moreno, campeón de América con Independiente, a Milton Casco, también ganador del máximo torneo de clubes del continente, Paolo Goltz, actual futbolista de Boca Juniors y la última a Leonardo Morales, jugador de Gimnasia dirigido por Diego Armando Maradona.

“Era muy jovencito Gabriel Heinze y yo cubría un partido en San Benito, al cual fue un equipo de Crespo. Al 6 lo prueban en Newell’s Old Boys, ‘hacele una nota’, me dijeron desde una radio de Paraná. Debe ser seguro una de sus primeras entrevistas”, recordó Daniel.

El fútbol no sólo le dio la chance de conocer grandes jugadores, también cuenta entre sus recuerdos preciados las tarjetas roja y amarilla de los árbitros de fútbol Héctor Baldassi y Horacio Elizondo.

Si de pasiones hablamos, no sólo el fútbol despierta tanta emoción y alegría en Daniel Aguiar. “Fui integrante de Malibú por muchos años y hoy sufro porque no puedo ir. No quiero pedir permiso en mi trabajo y mis vacaciones son en febrero, pero he tenido suerte en los últimos años porque por lluvia se ha pospuesto y aunque sea una noche puedo ir. Me conformo con ver el carnaval de mi pueblo una jornada, ya que me encuentro con amigos, conocidos y vivo el carnaval que tanto me gusta”, indicó. Llevaba el estandarte de la escuela de samba: “Sólo los que participamos alguna vez sabemos lo que se siente”, aseguró.

La bajó al medio: “Yo defiendo al patrón y también al cliente”

Fue mozo en Floyd desde el día que abrió hasta el cierre del local que marcó época en Paraná. “Me fui muy bien. Me pedían que me quedara y trabaje en el lugar que abrían enfrente, pero estaba muy cansado de los horarios. Aun así, tiempo después volví a tomar la bandeja y continué en el rubro, ahora hace 18 años que estoy en la misma firma”, contó, y agregó: “Volví a ser mozo porque me gusta atender bien a la gente. Los problemas los dejo en mi casa, nunca estoy de mal humor y además, yo defiendo a mi patrón, siempre; pero también defiendo al cliente”.

Encontró 60.000 pesos y los devolvió a su dueño

El viernes 18 de mayo de 2007 a las 11.50 se encontró con un sobre que le marcó la vida. Nunca conoció el nombre del hombre que se desmayó a sus pies. Por eso tampoco jamás supo la cifra exacta de la cantidad de dinero que tuvo en sus manos. En el hospital, en donde atendieron al hombre que había perdido el sobre, decían que había más de 60.000 pesos. Daniel Aguiar en ese momento estaba a punto de cumplir 49 años y con algunos problemas de salud, por eso había dejado de trabajar como motomandado por las noches. Era en uno de los pequeños intervalos en que no trabajó como mozo, aunque sí en la pizzería. Casualmente ese viernes llegando a las 12, detrás del hospital San Martín, sobre Pascual Palma entre Gualeguaychú y Enrique Carbó, encontró el sobre. Daniel estaba trabajando, tenía que llevar un pedido y como los pedidos que salen cerca se hacen caminando, cruzó de vereda como lo hacía habitualmente. “Vi el sobre en el piso, me llamó la atención y lo levanté. Pensé que tenía herramientas. Me fui para adentro de la rotisería para curiosear. Cuando lo abrí estaba lleno de fajos de plata y había un cuadradito envuelto en papel madera. Fue lo primero que buscó el tipo cuando le devolví el sobre”. Al preguntarle si sabía qué había en el sobrecito de adentro del sobre, disparó: “Dólares”.

No se acuerda de nada después que vio la plata. “Sé que la guardé en una bolsa de supermercado y la metí en la caja en donde llevaba la comida. No le comenté nada a nadie. Yo me quería ir. Tenía el presentimiento de que me iba a cruzar con la persona que había perdido la plata”. Y así fue. La comida tardó en salir, cargó todo en la caja y cuando estaba subiendo a la moto no pudo evitar girar y observar un cuadro de desesperación. “Por el medio de la vereda venía. Se pegaba contra las columnas de la luz y se rompía la campera. Parecía una víbora como se arrastraba por el piso. La gente lo seguía de cerca. Nadie sabía lo que había pasado”, cuenta sobre el hombre que había perdido el sobre. “Yo estaba tranquilo, salí en la moto y la misma escena que se dio en esa esquina la presencié en la otra. Le pregunté a una señora, que estaba mirando si sabía qué le pasaba a ese hombre tan desesperado. Ella me contestó que se decía que había perdido un montón de plata”.

Con paciencia se acercó al hombre y le dijo que él le iba a devolver lo que había perdido: el sobre. “Era un hombre de unos 50 años largos. Cuando le devolví el sobre enseguida se fijó si estaban los dólares. Me abrazó, se desmayó y se cayó a mis pies. Nunca más lo volví a ver”, recordó