Por supuesto, comparto la alegría generada durante las últimas horas en los militantes, simpatizantes y votantes de este importante Frente electoral nacional y popular pero también me permito sacar algunas conclusiones, a título personal, que invito a leer a continuación:

En primer lugar hay que valorar y reivindicar a la participación política, como herramienta esencial para poder cambiar la realidad de nuestros pueblos, en cualquier contexto que se la plantee. Desde luego, dicha participación debe llevarse a cabo fundamentalmente a través de los partidos políticos, que son la base de sustento de nuestro sistema representativo de gobierno. Si bien las elecciones libres y democráticas -como las de nuestro país- constituyen el mejor mecanismo constitucional para elegir nuestras autoridades gubernamentales, muchas veces las mismas no han sido suficientes para poder cubrir las grandes demandas que la sociedad ha planteado en las últimas décadas. Por eso, se ha dicho siempre que para gobernar no alcanza con ganar elecciones solamente, por más holgadas que a veces resulten. Más aún en estos tiempos, donde las novedosas técnicas del marketing y la publicidad han impuesto una nueva forma de comunicación política y de elaboración de estrategias electorales que inciden cada vez más en los resultados finales de la elección, intentado reemplazar los mecanismos más tradicionales de la militancia -basados históricamente en el trabajo territorial y en la elaboración de propuestas concretas- por la militancia virtual de las redes sociales, que lejos de venir a sanear los vicios de la “vieja política” han instalado otros nuevos, incluso más dañinos que aquellos. Dicho esto, es necesario que desde la política se generen fuertes liderazgos, acordes a cada tiempo histórico, que interpreten las demandas de las mayorías populares y que finalmente las puedan cubrir con decisiones de gobierno y elaboración de políticas públicas de corto, mediano y largo plazo, priorizando de antemano las de carácter urgente, como es hoy en día la atención de la emergencia alimentaria. A partir de ahora, el Presidente electo Alberto Fernández tendrá este enorme desafío por delante para encausar las transformaciones necesarias en un nuevo gobierno nacional. Entiendo que reúne las mejores condiciones para liderar este nuevo proceso político, pero queda claro que no podrá hacerlo en soledad. Tampoco le alcanzará con el natural apoyo que obtendrá por parte del Frente político que comenzó a liderar, sino que deberá ir más allá y construir -como él dijo- una política del consenso, que incluya necesariamente a todos los sectores políticos de la oposición y a la totalidad de actores de la sociedad civil.

En segundo término, entiendo que la dirigencia política en su conjunto deberá también acordar y definir, de una buena vez por todas, qué proyecto de Nación pretende para nuestra Patria, para así trazar lineamientos básicos a largo plazo que trasciendan a distintos gobiernos y no sean discontinuados con la alternancia necesaria del Poder. Si bien este objetivo se ha venido pregonando a lo largo de nuestra historia con resultados magros y dispares, la búsqueda de la igualdad de oportunidades para todos los habitantes

de nuestro país debería ser, a mi entender, el punto de partida para lograr este anhelado objetivo.

Por otro lado, siendo parte de una generación que nació y creció en los albores de la nueva democracia, que tanto ha costado construir y fortalecer, debemos terminar de comprender definitivamente que los argentinos y las argentinas, somos todos ciudadanos de una misma Nación, que convivimos en una sociedad donde coexisten distintas visiones de las cosas, distintas maneras de ver la vida y de pensar el mundo. Pero más allá de esta polarización continua de ideas, deberá primar en todos nosotros el amor al prójimo y a nuestro país y la defensa de los intereses de la patria. Debemos comprender entonces que el respeto al otro tiene que dejar de ser un slogan de campaña y convertirse en una práctica cotidiana de cada uno de nosotros, en todo tiempo y en todo lugar. Debemos entender, además, que esta tarea debe incluir necesariamente el respeto a la diversidad en todos sus aspectos y el respeto a las distintas formas de pensar, permitiéndoseles a todos y a todas la libertad de expresión y de manifestación, por más equivocadas que les parezcan a unos o a otros.

Por último, como peronista, deseo para nuestro Partido Justicialista, que en estos nuevos tiempos que se avecinan, todos los esfuerzos mencionados no sean invertidos en conformar una hegemonía política e imponer un pensamiento único, sino más bien en construir nuevos liderazgos, en fortalecer el funcionamiento democrático del partido y en fomentar una mayor participación; que exista apertura suficiente a todos los ámbitos y sectores de la sociedad civil, dándole lugar a todos aquellos que pretendan construir y no destruir; que se priorice el bien común, el trabajo en equipo y los valores de justicia y equidad; que se imponga la solidaridad sobre el egoísmo y los intereses personales; que se defiendan y pongan en práctica nuestros ideales de Justicia Social, independencia económica y soberanía política; que finalmente cada uno de nosotros asuma las responsabilidades que les toque asumir por sus actos y sus omisiones; que la humildad y el respeto prevalezcan definitivamente sobre la soberbia, la descortesía y la insolencia; que nunca más se permita o avale el ejercicio impune de la política del agravio, de la descalificación personal y del menosprecio al otro (a cualquiera que sea); y que erradiquemos finalmente cualquier práctica desleal utilizada para pretender ganar una cuota de poder, por más mínima que sea. Porque el Poder siempre es efímero, como la vida misma.

Francisco Horacio STANG